Jueves, 02 Mayo 2013 07:13

Comenzó el registro de NAMAs: ¿una oportunidad para Latinoamérica?

Escrito por 
El Mecanismo de Desarrollo Limpio ya no traerá más recursos para la región latinoamericana ya que la Unión Europea, único potencial comprador de créditos de carbono de acuerdo a los resultados de Doha, ha decidido que solo adquirirá créditos provenientes de los países menos desarrollados, dentro de los cuales no figura ningún país de la región, a excepción de Haití (ver artículo anterior). Pero esto no quiere decir que no haya oportunidades de obtener fondos para mitigación (reducción de gases de efecto invernadero) en los países latinoamericanos y otras regiones. También a partir de la COP18 en Doha en 2012 se ha abierto el registro de NAMAs donde estos países podrán encontrar apoyos financieros para sus proyectos.
Las NAMAs (Acciones de Mitigación Apropiadas al País, por sus siglas en inglés) son el resultado de veinte años de una discusión interminable en el seno de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) entre algunos países desarrollados y varios en desarrollo, acerca de si estos últimos deben o no asumir compromisos de reducción de emisiones. Desde el mismo momento en que se firmaba la CMNUCC en 1992, separando a los países “desarrollados” de los demás e inscribiéndolos en el Anexo 1 del texto aprobado, comenzó una batalla política –con su correlato científico- en torno al principio de las “responsabilidades comunes pero diferenciadas y capacidades respectivas ” y lo que esto significaba. En particular a partir del Protocolo de Kioto en 1997 (que entró en vigencia en 2005) donde se establecieron obligaciones específicas de reducción para los países del Anexo 1, aumentó la presión para que los países “emergentes” del mundo en desarrollo también tuvieran algún tipo de restricción a sus emisiones. Estados Unidos (EE.UU.) lideró un grupo de países (entre los que se encontraban Japón, Canadá, Australia y Nueva Zelandia) que bregó durante años por este objetivo. La negativa de los países en desarrollo a asumir compromisos de reducción de emisiones fue lo que finalmente llevó a EE.UU a no ratificar el Protocolo de Kioto y comenzar a minar la esperanza internacional en las negociaciones de las Naciones Unidas. La Enmienda de Doha al Protocolo de Kioto aprobada en diciembre de 2012 y que no fue firmada por cinco países clave (EE.UU., Canadá, Japón y Nueva Zelandia, a los que se agregó Rusia) es el último hito de aquella antigua y presente discusión. Arranque en Copenhague Las NAMAs, es el ambiguo resultado de esta batalla que trata de conciliar las exigencias de reducción de emisiones en los países en desarrollo, con la pretensión de estos de no asumir compromisos. Si bien se venían debatiendo desde mucho antes, las NAMAs cristalizaron en la malograda COP15 de Copenhague en 2009 cuando la CMNUCC invitó a las Partes que no integraban la lista del Anexo 1, a presentar voluntariamente sus propuestas y objetivos de mitigación. En aquella oportunidad unos cuantos países de la región que incluyen Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Perú hicieron sus comunicaciones indicando cuales serían sus NAMAs y si requerían de apoyo financiero externo para todas o algunas de ellas. Muchos otros países se opusieron frontalmente a esta invitación –en nuestra región claramente los países integrantes del ALBA (Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela)- fundamentándose en varias razones entre las que sobresalían: su rechazo al “Acuerdo de Copenhague” y la falta de decisión acerca de un segundo período de compromiso en el marco del Protocolo de Kioto, condición previa para cualquier discusión sobre obligaciones para los países en desarrollo. Además, en aquella oportunidad los países desarrollados habían expresado un compromiso de transferencia de fondos de 30 mil millones de dólares anuales hasta el año 2012 y 100 mil millones anuales hacia 2020, pero no se especificaban los mecanismos ni las fuentes, por lo que dejaba mucho margen de incertidumbre. Aquellas NAMAs primigenias presentadas por los países en desarrollo quedaron en algún archivo de la CMNUCC, apenas como un indicativo del tipo de medidas y, en algunos casos, de los montos de inversión requeridos para su realización. También quedó claro que en la enorme mayoría de los casos, los países en desarrollo sólo implementarían estas medidas en caso de recibir el apoyo financiero externo comprometido por los países desarrollados en Copenhague. Avance en la COP18 en Doha Pero en la reunión de Doha el mecanismo NAMAs dio un nuevo paso. La CMNUCC inauguró una especie de “feria de proyectos” con un sistema de Registro para que, tanto para los países “donantes” como los países “anfitriones”, realicen sus ofertas. Por un lado, los países en desarrollo registran allí las medidas de mitigación que se proponen implementar y por otro lado, los países desarrollados exponen sus compromisos financieros. Las NAMAs pueden ser registradas bajo 3 categorías: para reconocimiento de la comunidad internacional, solicitando apoyo para la preparación; y solicitando apoyo para la implementación Las primeras son aquellas acciones de mitigación que los países en desarrollo están dispuestos a implementar con recursos propios. Las segundas son aquellas acciones que se vislumbran con potencial para la reducción de emisiones  pero que requieren de un apoyo financiero para su estudio, diseño y formulación. Finalmente, las últimas, son aquellas acciones que ya están diseñadas por el país anfitrión, pero que para ser implementadas necesitan soporte económico externo. Al momento de escribir este artículo, se han registrado ante la Convención 4 NAMAs para reconocimiento internacional, 6 NAMAs que requieren fondos para su preparación y 15 NAMAs que requieren fondos para su implementación. Chile, Serbia y Uruguay son los países que mayor cantidad de registros anotan. Sin embargo aún no hay ninguna oferta de fondos por parte de los países desarrollados. Contrariamente a lo que ocurre en el entorno del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), el nuevo marco de las NAMAs no ofrece definiciones sobre qué tipo de actividades son elegibles y carece de toda regulación sobre procedimientos. Son medidas no estandarizadas y hay un acuerdo generalizado en que así deben mantenerse. No hay ningún tipo de restricción en cuanto a qué cosa puede ser catalogada como NAMA y bajo esta denominación pueden caer tanto proyectos muy específicos como políticas sectoriales, programas nacionales u otros. Otra diferencia sustancial con el MDL es que la reducción de emisiones obtenida a través de las NAMAs no será transferida a los países desarrollados como forma de cumplir con sus propias metas de reducción. Es decir no generarían –en principio- créditos de reducción de emisiones comercializables. Digo “en principio” porque aún está en discusión la posibilidad de que las reducciones logradas por una NAMA que eventualmente excedan los objetivos planteados originalmente, puedan generar alguna forma de “crédito de carbono”. Pero esto no está resuelto aún y es motivo de amplio debate. Expectativas Evidentemente este mecanismo ofrece a los países en desarrollo una interesante ventana de fondos para poner en marcha planes, programas o proyectos que puedan contribuir a mejorar su performance ambiental, al menos en lo que a emisiones de gases de efecto invernadero se refiere. La debilidad que tiene es que, al no haber condiciones de elegibilidad de las actividades, ni procedimientos estandarizados para la medición de sus “líneas de base”, se hace bastante difícil prever si las NAMAs lograrán efectivamente una reducción de emisiones superior a la que se hubiera logrado sin ellas. Por ejemplo: muchos países están implementado proyectos de energías renovables que pretenden sustituir parques de generación de electricidad basados en combustibles fósiles. Algunos de ellos incluso tienen metas sectoriales de penetración de renovables ya definidas, alentados por razones de mercado o disponibilidad de recursos naturales aprovechables. ¿Cómo definir “objetivamente” si una NAMA, inserta en este contexto, mejora el escenario de base? Mirado desde una perspectiva nacional dar respuesta a esta pregunta carece de relevancia. De una u otra manera el proyecto o programa vale la pena, reducirá emisiones y el aporte financiero es bienvenido. Pero mirado desde una perspectiva climática, la repuesta tiene otra trascendencia. Según los datos aportados por el último informe del IPCC del año 2007, es necesario que los países desarrollados reduzcan entre un 25% y un 40% sus emisiones para el año 2020 (comparadas con las que tuvieron en 1990) a la vez que los países en desarrollo reducen la trayectoria esperada de sus emisiones para el 2020 entre un 15% y un 30%. Se puede discutir –y se discute- si este reparto de la carga es el más justo o no. Pero en el contexto de los acuerdos alcanzados en el marco de la CMNUCC es evidente que la existencia del mecanismo NAMAs tiene como fin principal ayudar a los países en desarrollo a lograr esa necesaria y complementaria reducción de sus emisiones. Consecuentemente, se hace imprescindible que haya una certeza absoluta acerca de la línea de base (es decir la proyección de las emisiones esperadas sin NAMAs) para poder asegurar que este paquete de medidas aplicado a nivel global logrará recortar en un 15% - 30% las emisiones totales de los países en desarrollo. De lo contrario puede suceder que nos hagamos trampas al solitario y se estén aplicando fondos a acciones que de cualquier manera los países iban a tomar y que no se logre ninguna reducción adicional de emisiones. Mirando hacia el futuro El futuro de las NAMAs depende de la provisión de fondos y los países desarrollados se han demostrado bastante remisos para ello. Además es necesario que entre completamente en funcionamiento el Fondo Verde del Clima que aún está en proceso de estructuración. Para América Latina puede transformarse en una nueva ventana de captación de fondos, pero es muy difícil prever cantidades o destinos hasta que no se conozca un poco más hacia donde quieren dirigir sus inversiones los países “donantes”. Desde el punto de vista estrictamente climático, el resultado dependerá en buena medida de la capacidad que tengan los esquemas de Medición, Reporte y Verificación para asegurar los volúmenes de reducción y limitar las debilidades de la definición de la “línea de base”. A juzgar por los resultados del MDL –el único antecedente con el que podemos comparar este nuevo instrumento- esto no va a ser fácil y es probable que las reducciones reales sean menores que las que se contabilicen. Entretanto los países latinoamericanos deberían focalizarse en sus propias acciones de mitigación, independientemente de la provisión de fondos externos, en tanto estas conllevan generalmente, mejoras ambientales más allá de las climáticas. Piénsese por ejemplo en la reducción de gases contaminantes locales asociados al CO2 en la combustión fósil o los beneficios de la reducción del uso de fertilizantes químicos en la agricultura. Pero la mayoría de los países de la región están más preocupados por el crecimiento económico y la explotación de los recursos naturales que por los beneficios ambientales de su conservación. De manera que pocas esperanzas pueden albergarse respecto de acciones de mitigación voluntarias.
Leído 1818 veces Modificado por última vez el Martes, 10 Febrero 2015 18:28
Gerardo Honty

Gerardo Honty es investigador en energía y cambio climático de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), y fue observador en la COP 16 en Cancún, México, Diciembre 2010. Gerardo ha seguido todo el proceso de las negociaciones climáticas desde sus inicios, participando directamente en varias de las COPs y otros encuentros

Información

PCL

© 2010 Plataforma Climatica Lationamericana

Una iniciativa sin precedentes que busca construir respuestas desde América Latina al problema global del cambio climático

Disclaimer

Contacto PCL

Fundación Futuro Latinoamericano
Secretaría Ejecutiva

Plataforma Climática Latinoamericana
+593-2-223-6351
daniela.contreras@ffla.net

Dirección:
Guipuzcoa E16-02 y Av. La Coruña

Quito - Ecuador

En alianza con

FFLA    Fundación Futuro Latinoamericano Secretaría Ejecutiva de la PCL
     
AVINA    Con apoyo de Fundación AVINA